martes, 3 de agosto de 2010

Por amor

Por amor nos levantamos cada día a las siete en punto, esperando que a las ocho empiecen a escucharse sus voces.

Por amor compartimos la comida, el tiempo, el estudio, la limpieza y los momentos de risas y llanto.

Por amor dejo que me trencen el pelo tres o cuatro pequeños de dos o tres años, o que me jalen la polera (me estiren de la camiseta... todo se pega) o se me peguen a las piernas.

Por amor pierde Raquel la voz indicando "izquierda, derecha, molino, atrás" una y otra vez, sólo por verles las caras de ilusión mientras bailan.

Por amor Julio pasa horas en la cocina haciendo el pan mano a mano con ellos, pelando verduras, jugando a fútbol hasta bien entrada la noche.

Cada día, montones de amor se reparten en este sitio. No sólo el que nosotros damos a manos llenas, porque lo merecen y lo ganan en cada sonrisa, sino el que ellos nos brindan con una generosidad que pasma... nos regalan abrazos, besos, no se cortan al besar, al decirte que te quieren. Te dan pequeñas postalitas donde pone tu nombre y habla de la amistad... y te escriben que eres su amiga y que no te olvidarán.

Aquí se vive día a día sumidos en ese amor que se lleva dentro y que se reparte sin medida cuando sabes que puedes, que no hay intereses, que no hay engaño, que todo es limpio.

Esta semana es corta. El viernes es día feriado y el jueves hay desfile escolar. Allí estaremos, viendo orgullosos cómo nuestros chicos desfilan bien hermosos, dando ejemplo.

El sábado nos vamos todos de excursión, desde los pequeñines de Benedetta hasta los mayores... sabemos que será un gran día. Vamos a poner empeño en preparar ese día con ilusión, para que ninguno de nosotros lo olvidemos nunca.

lunes, 2 de agosto de 2010

La otra Bolivia

En un mes hemos visto y sentido tres Bolivias diferentes: la de inviernos helados en las alturas, la de la primavera eterna en el valle y, ahora, la de la selva húmeda y calurosa.

La selva tropical... el Chapare, una región salvaje y exuberante, cálida y cargada de agua, con una flora impresionante que haría las delicias de cualquier biólogo. En este caso, yo misma.

Cuando viajábamos hacia Villa Tunari, en pleno Chapare, el paisaje cambió de repente. A cada pocos metros, una cascada, un arroyo fresco corriendo montaña abajo, un río que se abría a nuestros pies... árboles desconocidos, altísimos, con enormes hojas. Helechos, varias especies de helechos gigantes regados por la Naturaleza generosa. Flores, de todos los colores... aromas. Aves surcando el cielo, y más agua a cada paso.

Los poblados del Chapare son distintos a los que habíamos visto hasta ahora. La extrema humedad hace que las chozas de madera estén degradadas en su mayoría, que tengan una estructura distinta para evitar el contacto con el suelo enfangado... y con las serpientes.

Villa Tunari es un poblado turístico, no en el sentido que nosotros en Europa le damos a la palabra. Hay muchos lugares de hospedaje, pero ninguna infraestructura, con lo que estar allí se convierte en una aventura.

Visitamos el Parque Machía, una reserva natural donde, durante tres o cuatro horas, caminamos observando la Naturaleza en su estado más salvaje y atractivo.

Los monos, antes en cautiverio y ahora rescatados por los voluntarios que viven durante temporadas en el parque, están por todos lados. Te observan, te persiguen por las ramas... sólo hay que respetar su territorio y no mirarles a los ojos para que te dejen en paz. Aunque no puedas evitar su curiosidad.

El sonido de la selva es maravilloso... el modo en que los animales se comunican, las ramas de los árboles mecidas por las aves, el presentimiento de que el puma no está lejos... acelera el corazón y refuerza las piernas, que tiemblan por el esfuerzo de la subida continuada.

Al final, un mirador espléndido y la cascada, premios a la larga caminata. Impresionadas y felices con lo que todavía guarda como un tesoro nuestra querida Tierra.

Por la tarde descargó la tormenta tropical y por la mañana temprano, el surazo nos trajo el frío. Viajamos a Chimoré, donde las Hermanas del Amor de Dios tienen casa, colegio y hospital.

La Hermana Vicky nos acogió con cariño, y nos enseñó el enorme colegio que recoge a muchos niños desperdigados por la selva. Mucho más rural, pero no por eso con menos espíritu Usera, más bien todo lo contrario. Un colegio para más de 1.600 niños que pueden tirar adelante en un lugar donde parece que sólo la coca sea la solución... y no es así.

Comimos con las hermanas, reímos con sus anécdotas y con los recuerdos de otros tiempos, nos deleitaron con arroz de paella con pollo estilo español y nos dejaron también con esa sonrisa en los labios de ver el trabajo bien hecho, aún tan lejos del hogar.

Hemos regresado cansadas, pero ha valido la pena. Bolivia está llena de tesoros por descubrir.

miércoles, 28 de julio de 2010

Días tranquilos


Los chicos regresaron a la escuela. La ola de frío parece que remitió, al menos en Cochabamba. Aquí el tiempo es benigno,
el calor de primavera acaricia la mayor parte del tiempo. Uno de los profesores de La Paz, con el que mantenemos el contacto, nos comenta que allá siguen sumidos en ese frío invernal que me regaló el resfriado del cual acabo de recuperarme.

De la semana pasada a ésta ha cambiado notablemente el ritmo, ya que los chicos vuelven a llegar en dos grupos, mañana y tarde. Ahora las cosas son distintas... hay más confianza, más rutina en la que nosotros encajamos. Las cosas se vuelven más fluidas, para ellos y para nosotros con ellos.

Entrar en el lugar de los pequeños es saber quién come y a quién hay que ayudar, quién va a pedirte besos y a quién hay que dárselos sin pedir. Cuando entra Raquel, ya sabe que le toca cantar "La pequeña ranita verde", que yo también tuve que aprender.

Cada uno de nosotros tiene su lugar en su momento, ellos nos buscan cuando nos necesitan, ya que tenemos un horario en que realizamos apoyos y talleres, y saben dónde estamos.

Están empezando los exámenes de segundo trimestre, así que el apoyo es fundamental. Se toman en serio las tareas, siempre contando con que la adolescencia es un momento difícil y que los mayores tienen más dificultades por eso. Pero estamos ayudándoles en todo lo necesario, y la danza y el deporte les da fuerza y buen humor para enfrentarse luego a las tareas diarias.

Me gusta mucho lo cariñosos que son todos, cómo se nos acercan cada día, de todas las edades, y nos abrazan y nos besan como si fuésemos parte de su vida desde siempre.

Algunas de las chicas intentan enseñarme quechua. Llevo papeles en todos los bolsillos llenos de términos en esa lengua y su traducción, pero confieso que es tremendamente complicado. Reconozco algunas palabras cuando me las dicen, pero me siento incapaz de reproducirlas al rato... lo sigo intentando.

Y la vida continúa al otro lado del Atlántico.

martes, 27 de julio de 2010

Lo inesperado


La vida da tantas vueltas y nos lleva por tantos lugares insospechados, que a veces sólo nos queda dejarla fluir.

Este fin de semana iba a ser de turismo, como teníamos planeado. El Salar de Uyuni nos esperaba, algo más allá de Oruro. Blanco y frío, con el cielo y el agua de un azul maravilloso.

Cuando llegamos a la ciudad, no sabíamos aún que nuestros planes se iban a cambiar por otros bien diferentes, pero que nos iban a dejar más huella.

Oruro no es grande, no es rica, es muy fría, mucho... las noches son hasta dolorosas, mientras que en las mañanas, el cielo es más azul de lo que nunca vimos y el sol abrasa hasta quemar. El Hogar de acogida para niñas "Penny" es una casa enorme, de finales de 1800, estructurada para dar cabida a muchachas huérfanas o abandonadas en las circunstancias más diversas. Allí, las Hermanas del Amor de Dios llevan trabajando mucho tiempo, aguantando el frío y los cambios con una sonrisa.

La Hermana Beatriz fue la encargada esta vez de acogernos y cuidar de nosotros, una mujer igualmente fuerte y serena, como todas las hermanas que llevamos conociendo en este país. Se ha de tener una madera especial para trabajar como trabajan. Ella fue la que nos convenció de la imposibilidad del viaje a Uyuni... ¡8 horas de viaje!. Y sólo hay movilidad nocturna. Imposible en un solo fin de semana.

Se ofreció para mostrarnos otras cosas de la ciudad, y fue un acierto: la Catedral, con la Virgen del Socavón, y el mismo Socavón, parte de una mina, hoy cegada por ese lado, que se ha reconvertido en museo y recuerdo de todas aquellas personas que vivieron y murieron para hacer de Oruro un centro minero importante en la zona.

Tiendas de bordados para trajes de disfraces, mercado, el pueblo minero de Huanuni, que nos impactó... lugares que encontramos en nuestro camino y de los que aprendimos.

Sin embargo, lo que nos ha quedado dentro ha sido el trato con las niñas del Hogar. Sus historias son duras, oscuras, no es lugar éste para relatar realidades que no imaginamos jamás para nuestros hijos. Sus rostros, sus miradas, el modo en que nos acogieron, sobre todo el trato con Julio, en el que vieron lo más parecido a un padre cariñoso que no tienen.

Sus risas y el calor de sus manos... nos dejaron huella, sin duda. Les gusta hablar de fútbol, son presumidas, tienen problemas, pero ese día los dejaron atrás para hacernos interminables preguntas y colgarse de nosotros. Cuando nos tuvimos que ir, dejamos atrás mucho más que niñas... dejamos vidas que en un momento u otro se truncaron y ahora sólo esperan algo que les devuelva el color. A algunas seguro que les llega. A otras, no se sabe, sólo esperamos que todas tengan su lugar en el mundo.

Nunca sabes cuál es el viaje definitivo. Por eso, hay que aceptarlos todos.

viernes, 23 de julio de 2010

Un día normal

Las cosas en el Centro transcurren vertiginosamente. Quizá porque el ritmo de trabajo es intenso, porque son muchos los niños a atender y de muy diversas edades, tal vez porque esta semana no fueron a la escuela debido a la ola de frío que atraviesa la zona (la cual nosotros no notamos de la misma manera) y los tenemos a todos, mañana y tarde, en lugar de estar repartidos en dos grupos, como es lo habitual.

La mañana empieza temprano. Aquí no hay persianas y la luz comienza a entrar a través de las cortinas a eso de las siete de la mañana. A las ocho estamos dispuestos en la cocina. Ayudamos con el desayuno de los chicos y lo tomamos con ellos: leche de soja, pan con mantequilla o mermelada... quedamos satisfechos todos.

Luego, mientras los chicos limpian y arreglan, nos dividimos el trabajo. Personalmente, me quedo a ayudar con los pequeños de Benedetta, a darles el desayuno, lavarles y ponerles crema y colonia. Eso del perfume les encanta y siempre me piden que "les ponga bonitos". No les hace falta, nacieron así, pero les pongo lo que quieren.

A partir de las 9:30 h empiezan las actividades. Esta semana tenemos talleres, ya que los chicos no tienen tarea por no poder ir al colegio. Unos van con Raquel a taller de danza: les está enseñando a bailar boleros y jotas.

Hay chicas medianas y pequeñas que tienen una gran habilidad con el baile y están aprendiendo estupendamente. Posiblemente hagan una representación.

Con Julio hacen educación física deportiva y un taller de expresión corporal; los chicos son los más aficionados, aunque a las chicas les encanta el fútbol. Necesitan disciplina y normas, pero para eso está el profesor.

En mi caso, realizo talleres de educación emocional. Dinámicas de tutoría de las que también hago en España, solo que aquí se convierten a ratos en un problema, porque la mayoría de estos chicos no están acostumbrados a expresar sus sentimientos ni a reconocer sus emociones. De todos modos, hoy hemos hecho progresos y nos hemos reído mucho, aparte de conocernos mejor.


A las 12:30, preparamos el almuerzo, nosotros comemos también con ellos. Y descanso hasta las 14:30, que aprovechamos para ponernos en contacto con las respectivas familias y amigos.En ese momento se cuenta con media hora de reflexión en la capilla. Celia nos explica historias de valores con su estupendo libro "Vitaminas para el espíritu", que hay días que no sé si nos sirven más a nosotros que a ellos. Celia es una gran profesora, una persona con facilidad de palabra y que sabe envolver sus explicaciones de un calor que llega muy dentro.

De 15:00 a 17:15, siguen los talleres de danza y educación física, mientras que yo me divido entre los pequeños y sus interminables meriendas y las tareas de los medianos... esas divisiones de dos cifras...

A partir de las 18:00 h, llega el silencio extraño y nuestro momento de descanso. Otro día conseguido. Actualizamos el blog, arreglamos fotos, preparamos la cena, comentamos el día y descanso a eso de las 22:00, que el día comienza, de nuevo, temprano.