jueves, 15 de julio de 2010

Compañeros


Julio:

Es el profesor de Educación Física. Los chicos le tienen en un pedestal. Le admiran y le buscan, y tienen sus motivos. Es divertido, pero fuerte con ellos; sociable, pero con un punto de introspección. Sabe tratar a los mayores, pero se pierde con los pequeños. Y tiene una mano especial con las Hermanas y la cocinera...

Siempre está cuando se le necesita, siempre tiene una sonrisa y una palabra amable para todos, pero las reglas en la cancha son intocables.
Julio cree en el poder del deporte para hacer de la convivencia algo mejor, y para que los chicos aúnen esfuerzos y se apoyen los unos a los otros.

También él se esfuerza continuamente para dar lo mejor de sí mismo en este trabajo, a pesar del mal de altura que le ha aquejado más por el esfuerzo físico que realiza a diario.Compañero de aventura, de trabajo y, día a día, amigo. Algo de él se quedará aquí cuando deje el país a finales de agosto. Y mucho nos dejará a todos.

Raquel:

Compañera de aventuras, no sólo en estas tierras, sino en Barcelona, donde trabajamos juntas desde hace muchos años. Mujer polivalente; lo mismo baila jotas, que explica lenguas. Se maneja bien con adolescentes, y también con niños pequeños, diga lo que diga y le agote lo que le agote.

El clima de montaña es lo suyo... toma el sol a mediodía como lagarto, y se abriga hasta las cejas en la noche. Siempre dispuesta a todo, a aceptar retos y a no parar.

Independiente, pero buena compañera, no es difícil convivir con ella. Se adapta a todo y es trotamundos y todoterreno. Nos quedará mucho por compartir después de nuestra estancia aquí, más incluso de lo que ya estamos compartiendo ahora.

miércoles, 14 de julio de 2010

Trabajo

Horarios cambiados, costumbres distintas, comidas a deshoras (según nuestras costumbres, claro)... son cosas a las que uno ha de acostumbrarse trabajando en otro continente. Sin embargo, no cuesta nada cuando se está tan a gusto con lo que se hace.

Hoy empezamos a pleno rendimiento: Julio con los chicos mayores y la cocina, Raquel con los medianos y yo con los más pequeños. Por la tarde, ella y yo intercambiamos papeles, de manera que hemos trabajado con la mayoría de los chicos.

Hay problemáticas diversas en el centro: la mayoría de los muchachos provienen de familias con una desestructura importante, o donde el alcohol es el protagonista. Abandonos familiares, desnutrición... aún así, son agradables, sonrientes, con ganas de tratarnos.
Nos llenan de preguntas, quieren saberlo todo. Nos piden ayuda y pasamos momentos muy agradables compartiendo el tiempo y los conocimientos...
Mi debilidad personal son los pequeños. No les cuesta nada darte cariño, devolverte el que les das, pegarse al pantalón y preguntar mil y una cosa.

Cada uno de nosotros creo que ya tiene claro cuál es su lugar aquí, aunque nos ayudamos y nos intercambiamos roles de vez en cuando. Contamos con nuestro tiempo libre para contactar con familia y amigos y también tenemos la suficiente libertad para desarrollar momentos personales. Es algo que agradecemos a las Hermanas, aparte de su trato maravilloso y de su cariño incondicional, por supuesto.

Me gusta mirar las montañas cuando se pone el sol. Me gusta ver la Cruz el Sur cuando aparecen las estrellas... la luna empieza su cuarto creciente y espero ansiosa verla plena desde estas tierras. Como me siento yo misma.

martes, 13 de julio de 2010

En Cochabamba


Lo primero que vi, al despertar en el avión, fueron los Andes.
La primera impresión de tierra americana: la grandeza de las montañas, la vastedad del terreno. América te conquista con una sola mirada.

Llegamos a Cochabamba después de un día entero de viaje, de algunos retrasos y de bastante cansancio y hambre, pero con todas las maletas en su lugar y con mucha alegría. El cielo, de un azul espléndido que contrastaba con el frío del invierno austral.

El mal de altura duró poco... algo de fatiga, un poco de mate de coca, y a comenzar. Nos recibieron con más cariño del que pudiésemos imaginar, con los brazos abiertos y una sonrisa, que se agradece tanto cuando estás lejos de tu tierra. Sin embargo, tengo la impresión de que la vamos a echar de menos lo justo. Porque el trabajo es grande y porque estamos como en casa.

Hemos conocido a los niños con los que vamos a trabajar. Un grupo de pequeños, entre 3 y 6 años, y dos grupos más de muchachos hasta los 18 años.
Con ellos hemos tomado contacto esta mañana, en clases de apoyo y en el comedor.

El Centro "Gerónimo Usera" es grande, acogedor, limpio y hermoso. Con la belleza de lo sencillo, de lo hecho con cariño. Nuestra habitación es bonita y útil; soleada durante en día, conserva en calor en las frías noches andinas.

La gente de Cochabamba es franca, abierta y llena de buenas intenciones. La ciudad, muy bonita en el centro, con grandes avenidas, largos paseos, preciosos edificios coloniales y una historia larga a sus espaldas. Hemos paseado por el mercado de La Cancha, y visitado algunos lugares de interés, aunque todavía por encima... tenemos un mes por delante para conocer a fondo.

Mañana entramos de lleno en el trabajo diario, esas horas con los chicos que nos van a hacer felices a todos.

miércoles, 7 de julio de 2010

Aquí nos necesitan

Dicen que los viajes comienzan antes de subirse en el avión... y éste es un caso real.
En esta ocasión, empezó hace ya varios meses, con el anuncio en el colegio donde trabajamos de la campaña solidaria del año.

"Aquí nos necesitan, 2010" se dedicaba esta vez a Cochabamba, Bolivia. Allí, las Hermanas del Amor de Dios llevan trabajando desde 1958 con niños de diversas edades. A día de hoy, el Centro Integrado para la Educación "Jerónimo Usera" se ocupa de dar acogida, educación y protección a más de 100 niños a partir de los 6 años, sin dejar su núcleo familiar.
El Centro pedía ayuda esta vez... no sólo económica, sino por medio de voluntarios que pudiesen aportar experiencia, trabajo y tiempo.

A partir de ahí, mi compañera Raquel y yo decidimos intentarlo. En una reunión en Madrid, cerca de Navidad, consolidamos las intenciones y, junto con Julio, otro profesor de Zamora, nos comprometimos a llevar adelante el proyecto de voluntariado en el CIE.

El tiempo ha pasado muy deprisa desde entonces. Sólo faltan tres días para la partida, para ese viaje que nos llevará atrás en el tiempo, más allá del océano.

Barcelona-Madrid; Madrid-Santa Cruz; Santa Cruz-Cochabamba. El domingo 11 de julio estaremos allí bien temprano, con las maletas cargadas de ilusiones, de incógnitas, incluso de algún que otro miedo. Y, sobre todo, de ganas de realizar ese intercambio de vida.

Porque sabemos que allí hay mucho que aprender, mucho que dar y más que recibir.